domingo, 25 de abril de 2010

Esto no es como en Australia

En vez de miles de estrellas, hay miles de aviones.

Tengo la sensación que la experiencia va a ser totalmente distinta. Yo tenía la intención de ser alemana, como australiana fui. Pero para juntarse con alemanes hace falta saber decir más cosas aparte de contestar a"¿dónde vives, has estado antes en Alemania, qué estudias y cuánto tiempo te quedas?"; y además, hay demasiados españoles aquí. Para aprender hay que hacer como Gollum en "el señor de la mecánica", disciplina y constancia, si no, nanai.
Los estudiantes Erasmus entre nosotros tenemos una jerga que consiste en decir en alemán lo básico, recurrir al inglés para las palabras complicadas, y aderezar con las construcciones gramaticales y el acento del país de origen. Sólo nos entendemos entre nosotros.


En el laboratorio me podría integrar más si pudiera mantener conversaciones normales. De todas formas me conformo con que en 2 semanas ya podría transcribir casi palabra por palabra lo que dice la gente, aunque no entenderlo (porque no entiendo el significado de las palabras); al llegar no era capaz de oír otra cosa que una frase sin fin. Por cierto, en el laboratorio son muy alemanes. La gente va cada uno a lo suyo, con sus auriculares puestos y mirando al infinito en vez de a los ojos al cruzarse con otros por el pasillo. Sólo se relacionan entre ellos en la hora de la comida o si alguien tiene un tiempo muerto entre los experimentos. Una cosa buena es que casi cada semana hay un cumpleaños, que significa tarta gratis.

No voy a poder vivir tampoco una vida Erasmus normal por culpa del laboratorio, que me ocupa todo el tiempo, pero me tengo que aguantar. Aunque intentaré camelarme al jefe, a ver si me da más vacaciones...

Para este viaje tenía muchas expectativas y veo que no se cumplen, así que estoy algo decepcionada. Quedan  todavía 4 meses, así que espero que cambie.


Para adornar este post pongo fotos de Nürnberg que visité el 10 de Abril, y de Veitshöchheim, un pueblito en el Main al lado de Würzburg, que visitamos hoy.




Esta es la Frauenkirche, en la plaza del mercado.


El Castillo de Nürnberg es del siglo XI. Muchos edificios de dentro de la muralla, y del resto de la ciudad fueron destruidos en la Segunda Guerra Mundial, pero fueron reconstruidos para dejarlos tal como estaban antes.




Este palacio en Veitshöchheim es otra Residenz de los Príncipes Obispos.



Veitshöhheim y el resto de pueblecitos de alrededor están conectados por carril bici y por barco.

martes, 6 de abril de 2010

Pascua con los Bávaros

El Viernes Santo me recogió Julia con su coche y nos fuimos a su casa en Ingolstadt a pasar el fin de semana de Pascua con su familia, a 160km/h por la autovía.

Aquí en Baviera los católicos son muy católicos. Por ejemplo, el jueves y el viernes santo ordena la Iglesia y el Ayuntamiento que las discotecas deben cerrar. También van mucho a la Iglesia, y en Pascua se quedan hasta tarde por la noche. Por lo menos pueden cambiar de decorado todos los años, Iglesias no faltan.

El viernes toca teñir huevos, que es más rápido que pintarlos con un pincel.
Hervimos 40 huevos y los echamos uno a uno en distintos recipientes con tinte. Cuando se secaron los untamos de mantequilla para darles brillo. ¡Nos hartamos de comer huevos cocidos durante el fin de semana!
La casa de Julia es muy estricta. No se aceptan improvisaciones en los colores de los huevos, ruido, ni comida que caiga sin querer fuera del plato. A pesar de todo convencí al padre de mezclar el tinte rojo y azul para conseguir huevos lilas...


El poste ("Maibaum") este está en la barriada donde vive Julia, que es a Ingolstadt como la Barca a Jerez, pero en chico. La tradición es que cada pueblo tiene su poste guardado en una granja antes de ponerlo en las fiestas, y los demás pueblos tienen que encontrarlo y robarlo. Si lo consiguien, el pueblo dueño debe pagar al pueblo ladrón con cerveza para recuperlo. Sólo se sigue haciendo en algunos sitios muy pequeños, donde todavía hay mayos que bailan alrededor de él.


El sábado fui de visita turística por Ingolstadt. Una cosa curiosa es que la muralla que rodea el pueblo tiene ahora casas incrustadas en ella.



Este río es el Danubio.


El domingo de Pascua se desayuna-almuerza por tradición los huevos que aún quedan, jamón de pascua, y el resto de cosas que quieras con pan. También se buscan los huevos de chocolate por el jardín.

Por la tarde fuimos a visitar Eichstätt, que no tiene mucho que ver, la verdad, sólo millares de residencias de obispos, ya que es la capital del distrito homónimo. En las colinas de alrededor hay yacimientos fósiles bastante importantes de las primeras aves en el jurásico,  (Archaeopteryx). También visitamos el lugar donde había un campamento romano en el año 200 d.C. de la frontera del Imperio Romano. Lo que hay en la foto es todo reconstruido, pero quedan restos originales de muros.


Ese día vinieron familiares de visita, y se armó un buen jaleo en alemán.
Allí en esa parte de Baviera hablan un dialecto que por lo visto nadie entiende, pero se esforzaron por hablar "Hochdeutsch". Mi cabeza el primer día al cabo de dos horas parecía que iba a estallar, de tanto alemán, pero al final del domingo pude hablar hasta con los niños. Podría haber engordado más de un kilo ese fin de semana, si no fuera porque el alemán desgasta el cerebro y quema muchas calorías.
Mi resumen de esta experiencia de vida alemana es: para vivir en Alemania no te puedes dormir en los laureles, hay que estar despierto en todo momento, la autovía y las conversaciones son un buen ejemplo. Se te pegan al culo del coche como no vayas a más de 120km/h mientras te llaman "conductor dominguero"; y cuando te cuentan algo, los verbos pueden salirte por cualquier lado, y como te despistes has perdido el hilo.