Aquí en Baviera los católicos son muy católicos. Por ejemplo, el jueves y el viernes santo ordena la Iglesia y el Ayuntamiento que las discotecas deben cerrar. También van mucho a la Iglesia, y en Pascua se quedan hasta tarde por la noche. Por lo menos pueden cambiar de decorado todos los años, Iglesias no faltan.
El viernes toca teñir huevos, que es más rápido que pintarlos con un pincel.
Hervimos 40 huevos y los echamos uno a uno en distintos recipientes con tinte. Cuando se secaron los untamos de mantequilla para darles brillo. ¡Nos hartamos de comer huevos cocidos durante el fin de semana!
La casa de Julia es muy estricta. No se aceptan improvisaciones en los colores de los huevos, ruido, ni comida que caiga sin querer fuera del plato. A pesar de todo convencí al padre de mezclar el tinte rojo y azul para conseguir huevos lilas...
Este río es el Danubio.
El domingo de Pascua se desayuna-almuerza por tradición los huevos que aún quedan, jamón de pascua, y el resto de cosas que quieras con pan. También se buscan los huevos de chocolate por el jardín.
Por la tarde fuimos a visitar Eichstätt, que no tiene mucho que ver, la verdad, sólo millares de residencias de obispos, ya que es la capital del distrito homónimo. En las colinas de alrededor hay yacimientos fósiles bastante importantes de las primeras aves en el jurásico, (Archaeopteryx). También visitamos el lugar donde había un campamento romano en el año 200 d.C. de la frontera del Imperio Romano. Lo que hay en la foto es todo reconstruido, pero quedan restos originales de muros.
Ese día vinieron familiares de visita, y se armó un buen jaleo en alemán.
Allí en esa parte de Baviera hablan un dialecto que por lo visto nadie entiende, pero se esforzaron por hablar "Hochdeutsch". Mi cabeza el primer día al cabo de dos horas parecía que iba a estallar, de tanto alemán, pero al final del domingo pude hablar hasta con los niños. Podría haber engordado más de un kilo ese fin de semana, si no fuera porque el alemán desgasta el cerebro y quema muchas calorías.
Mi resumen de esta experiencia de vida alemana es: para vivir en Alemania no te puedes dormir en los laureles, hay que estar despierto en todo momento, la autovía y las conversaciones son un buen ejemplo. Se te pegan al culo del coche como no vayas a más de 120km/h mientras te llaman "conductor dominguero"; y cuando te cuentan algo, los verbos pueden salirte por cualquier lado, y como te despistes has perdido el hilo.

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