Ana de Eslovenia nos falló, asi que una semana antes de irnos nos pusimos Laura y yo como locas a buscar Mitfahrer, albergues, y casas de gente del Coach Surfing. El miércoles 2 por la mañana, yo con las maletas hechas y la casa sin recoger, aún no sabíamos si iríamos o no. Lo decidimos dos horas antes deprisa y corriendo.
El Mitfahrer tenía pinta de cani, pero fue el mejor de todos, nos invitó a chucherías y nos puso en la radio la música que nos gustaba. No como el resto de Mitfahrers, que van a su bola, se comen un bocadillo en tus narices y ni te preguntan si quieres un cachito.
Llegamos a una estación en el sur y encontramos a una mujer que nos explicó como llegar a nuestro albergue, el funcionamiento del metro. Y al fijarse que estábamos solas, nos dio su numero de teléfono por si pasaba algo. Según los SMS que nos mandó visitamos lo siguiente:
La plaza del Ayuntamiento, los canales que circulan por la ciudad y el lago Alster
El puerto y Speicherstadt (que es una zona de edificios de ladrillo visto, con aspecto de fábricas, que forman islas entre los canales)
El barrio de Saint Pauli de día y Rennbahn de noche, característicos por las casas pintadas, los hippies y las tiendas de segunda mano; y las discotecas y salas de streap-tease que nunca cierran; respectivamente (hay incluso una calle donde los hombres menores de edad y las mujeres no "pueden" entrar...)
El jueves me dio un ataque de migraña, seguramente por el solazo de todo el día andando y porque la noche anterior no domimos por culpa de los ronquidos de una mujer en nuestra habitación compartida. Seguramente estábamos dando un espectáculo esa noche por los pasillos del albergue: yo con mi cara de enferma, en pijama y con la cabeza mojada paseándome, y Laura, haciéndome compañía mientras se comía un pollo asado con las manos porque no le dieron cubiertos en el local...
El jueves me dio un ataque de migraña, seguramente por el solazo de todo el día andando y porque la noche anterior no domimos por culpa de los ronquidos de una mujer en nuestra habitación compartida. Seguramente estábamos dando un espectáculo esa noche por los pasillos del albergue: yo con mi cara de enferma, en pijama y con la cabeza mojada paseándome, y Laura, haciéndome compañía mientras se comía un pollo asado con las manos porque no le dieron cubiertos en el local...

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