viernes, 18 de junio de 2010

Viaje al Norte: Hamburg



Ana de Eslovenia nos falló, asi que una semana antes de irnos nos pusimos Laura y yo como locas a buscar Mitfahrer, albergues, y casas de gente del Coach Surfing. El miércoles 2 por la mañana, yo con las maletas hechas y la casa sin recoger, aún no sabíamos si iríamos o no. Lo decidimos dos horas antes deprisa y corriendo.
El Mitfahrer tenía pinta de cani, pero fue el mejor de todos, nos invitó a chucherías y nos puso en la radio la música que nos gustaba. No como el resto de Mitfahrers, que van a su bola, se comen un bocadillo en tus narices y ni te preguntan si quieres un cachito.
Llegamos a una estación en el sur y encontramos a una mujer que nos explicó como llegar a nuestro albergue, el funcionamiento del metro. Y al fijarse que estábamos solas, nos dio su numero de teléfono por si pasaba algo. Según los SMS que nos mandó visitamos lo siguiente:





La plaza del Ayuntamiento,  los canales que circulan por la ciudad y el lago Alster





El puerto y Speicherstadt (que es una zona de edificios de ladrillo visto, con aspecto de fábricas, que forman islas entre los canales)





El barrio de Saint Pauli de día y Rennbahn de noche, característicos por las casas pintadas, los hippies y las tiendas de segunda mano; y las discotecas y salas de streap-tease que nunca cierran; respectivamente (hay incluso una calle donde los hombres menores de edad y las mujeres no "pueden" entrar...)

El jueves me dio un ataque de migraña, seguramente por el solazo de todo el día andando y porque la noche anterior no domimos por culpa de los ronquidos de una mujer en nuestra habitación compartida. Seguramente estábamos dando un espectáculo esa noche por los pasillos del albergue: yo con mi cara de enferma, en pijama y con la cabeza mojada paseándome, y Laura, haciéndome compañía mientras se comía un pollo asado con las manos porque no le dieron cubiertos en el local...


Nos habíamos estado alimentando todo el fin de semana a base de bocadillos Estilo Estudiante mangados de la hora del desayuno. Así que cuando descubrimos nosotras por casualidad la calle de los bares portugueses y gallegos de pescaíto frito, el último día nos dimos un atracón.

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